Fuertes, débiles y perfeccionistas: cuando tu vulnerabilidad es tu mayor fortaleza

Hay personas que siempre tienen que estar bien. Personas que se sienten incapaces de afrontar la vida. Y personas que nunca se permiten el error. Son tres perfiles distintos, pero los tres comparten algo fundamental: una relación difícil con su propia vulnerabilidad.

En consulta lo veo cada día. Y por eso he querido escribir tres cartas. Una para cada uno. Léelas todas, porque probablemente en todas te reconoces un poco.

——————————————————

Carta para los fuertes

Hoy tienes permiso para quitarte ese peso.

Hoy puedes bajar la guardia y sentir debilidad, tristeza, angustia… si así lo sientes. Porque no puede existir la fortaleza sin la debilidad, igual que no puede haber día sin noche.

Eres fuerte y débil a la vez. A veces puedes, y a veces no. Y precisamente cuando no puedes es cuando ocurre algo extraordinario: surge la conexión real.

Solo cuando permitimos que los demás nos vean en nuestra fragilidad es cuando se acercan, nos ofrecen su apoyo, y desde ahí nos sentimos queridos, vistos y aceptados.

Y es entonces cuando aparece de verdad la fortaleza. Tu fuerza surge de esa conexión. Y desde ahí la vida cobra sentido, y sientes que puedes de nuevo, que hay un motivo por el que seguir.

——————————————————

Carta para los débiles

Quiero que en este momento te mires y sientas eso a lo que llamas debilidad.

Sé que muchas veces piensas que no deberías ser así, que no puedes con determinadas cosas. Pero no es cierto.

Eso que tú llamas debilidad es, en realidad, un don. No necesitas ponerte un disfraz. Puedes mostrarte tal como eres, ante ti mismo y ante los demás. Y eso requiere un valor enorme, un valor que tú no ves porque has aprendido a interpretarlo como un defecto.

Esa vulnerabilidad es lo que les permite a los demás verte de verdad, apoyarte, conectar contigo. Y ese sentimiento de conexión es lo que te da fuerzas para continuar, para superar los obstáculos aunque en ese momento no lo veas.

Aunque te sientas frágil y roto o rota, tú continúas. Muestras tu vulnerabilidad y sigues. Eso es fortaleza y valentía.

El valor no surge de donde no hay miedo ni malestar, sino de enfrentarlo. Y tú lo haces cada día cuando lloras, cuando pides ayuda, cuando expresas lo que sientes, cuando tocas fondo y vuelves a resurgir.

Hoy quiero que hagas tuyo este mensaje: tu debilidad es tu gran fortaleza.

——————————————————

Carta para los perfeccionistas

Por fin llegó tu día. Ya puedes salir de esa cárcel.

No tienes que esforzarte más. No tienes que fingir más.

Puedo verte tal y como eres, y quiero enseñarte a que lo hagas tú también. Porque no hay nada malo en ti.

Puedes dejar algún rincón sin limpiar. Puedes equivocarte en tu respuesta. Puedes llegar tarde a veces, desbordarte en ocasiones, no caerte bien alguien, cambiar de opinión sin miedo a que alguien se decepcione.

Puedes mostrar esas partes de ti que no te gustan y que llevas años escondiendo.

Tu perfeccionismo no es un rasgo de carácter: es una conducta que aprendiste para recibir aprobación. En algún momento de tu historia entendiste que si eras perfecto o perfecta, los demás te querrían y te aceptarían. Y desde entonces llevas cargando con esa exigencia.

Pero la paradoja es esta: aceptar tu imperfección y mostrarla es lo que realmente te hará sentir libre.

Eres perfecto o perfecta tal y como eres, siempre y cuando actúes desde ti mismo y no desde tu herida, desde el intentar encajar o cumplir las expectativas de los demás.

——————————————————

El hilo que une las tres cartas

Fuertes, débiles, perfeccionistas. Tres formas distintas de esconder la vulnerabilidad, pero un denominador común: el miedo a mostrarse tal como se es.

Trabajar la autoestima y el autoconocimiento implica, en gran parte, aprender a soltar esa imagen que creemos que debemos proyectar. Implica revisar nuestra historia, entender qué aprendimos sobre lo que significa ser válidos, queridos o aceptados, y empezar a cuestionarlo desde una mirada compasiva.

No hay nada malo en ti. Lo que hay es una historia. Y esa historia se puede trabajar.

Si sientes que es el momento de dar ese paso, puedes escribirme o reservar tu primera consulta desde el formulario de contacto. Estaré encantada de acompañarte.