Muchas veces no es solo lo que sentimos lo que nos hace daño.
Es lo que hacemos después con eso que sentimos.
Ya hemos hablado en otros artículos de esa segunda emoción que aparece tras la primera. Por ejemplo, sentir tristeza… y enfadarte contigo por estar triste. O sentir ansiedad… y añadir culpa por no saber gestionarla.
Con el cansancio ocurre algo muy parecido.
Cuando te sientes cansado… pero no te lo permites
Estamos muy acostumbrados a exigirnos incluso en momentos de agotamiento.
Te sientes cansado, pero en lugar de parar, te dices:
“No debería estar así.”
“Tengo que seguir.”
“No es para tanto.”
Y entonces aparece la culpa.
Nos culpabilizamos por estar cansados. Asociamos parar con vaguear, con perder el tiempo o con no cumplir. Así que seguimos… y seguimos… y seguimos.
Pero el cuerpo no funciona así.
El bucle del agotamiento emocional
Cuando no escuchas el cansancio, este no desaparece.
Se acumula.
Y con él aparecen otras emociones:
- enfado
- irritabilidad
- frustración
- sensación de injusticia
Empiezas a pensar:
“Todo me toca a mí.”
“Si los demás hicieran lo suyo, yo podría descansar.”
Ese enfado, que en realidad es hacia ti mismo, acaba saliendo hacia fuera.
Y entonces aparecen los conflictos con la pareja, con los hijos, en el trabajo…
y el malestar emocional se intensifica.
Cuando el cuerpo empieza a hablar
El cuerpo no es ajeno a lo que estás sintiendo.
Cuando el agotamiento emocional se mantiene en el tiempo, empieza a manifestarse físicamente:
- insomnio
- nudo en el estómago
- presión en el pecho
- falta de energía
- cansancio constante
No es debilidad.
Es el cuerpo avisando.
Estar cansado no siempre significa que haces poco
Existe un cansancio que viene de la inactividad.
Pero hay otro mucho más frecuente: el que aparece cuando llevas demasiado tiempo sosteniendo.
Sosteniendo responsabilidades.
Sosteniendo emociones.
Sosteniendo expectativas.
Cuando cumples con todos, pero no contigo.
Cuando produces, pero no descansas de verdad.
Cuando sigues… pero hace tiempo que no te preguntas cómo estás.
Ese cansancio no es pereza.
Es agotamiento emocional.
Parar también es una forma de cuidarte
No siempre podemos hacer grandes cambios de golpe.
Pero sí podemos empezar por algo más importante:
dejar de juzgar el cansancio.
En lugar de exigirte más, puedes empezar a preguntarte:
- ¿Qué estoy sosteniendo?
- ¿Desde cuándo?
- ¿Qué parte de este agotamiento viene de exigirme demasiado?
- ¿Qué necesito dejar de hacer, no solo hacer mejor?
A veces recuperar energía no pasa por organizarte más.
Pasa por dejar de vivir en modo supervivencia.
No todos los meses son para rendir
Hay momentos del año que no están pensados para avanzar más, sino para tomar conciencia.
Para darte cuenta de que no llegas.
Para dejar de llamar pereza a lo que en realidad es agotamiento emocional.
Y desde ahí, empezar a hacer cambios más sostenibles.
No necesitas exigirte más
Si te sientes cansado, quizá no necesitas apretarte más.
Quizá necesitas dejar de tratarte como si fueras una máquina.
La terapia psicológica en Badajoz puede ayudarte a entender de dónde viene ese nivel de autoexigencia, cómo se ha construido y cómo empezar a relacionarte contigo de una forma más sana.
Más información en:
noeliasolanapsicologa.com
