¿Querer sentirte bien te hace estar peor? La respuesta, por sorprendente que parezca, es sí. Y no porque sentirte bien sea malo, sino porque el problema empieza en cómo interpretamos lo que sentimos cuando no estamos bien.
Estar bien no significa no sentir nada incómodo
Vamos a aclarar algo antes de seguir: estar bien no significa no sentir ansiedad. Tampoco significa no estar triste. Y desde luego no significa levantarte todos los días tranquilo/a, motivado/a y con ganas de hacer cosas. Eso no es realista para nadie, y perseguirlo como un estado permanente es, precisamente, parte del problema.
Entonces, ¿por qué cuando aparece una emoción desagradable pensamos inmediatamente que algo va mal? Porque, sin darnos cuenta, hemos convertido la calma o la felicidad en el único estado en el que «deberíamos» vivir. Y esto es importante: la calma y la alegría también son estados emocionales, exactamente igual que la tristeza, el miedo o la rabia. Ninguno es el estado «correcto» del que las demás emociones serían una desviación.
Por qué tu cerebro genera emociones desagradables (y por qué es necesario)
Nuestro cerebro genera emociones constantemente porque las necesita. Su función es interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor y ayudarnos a responder de forma adaptativa. Esta es la base de lo que en psicología se conoce como las teorías funcionales de la emoción, desarrolladas entre otros por Paul Ekman: cada emoción, incluidas las que llamamos «negativas», cumple una función evolutiva concreta. El miedo nos prepara para protegernos, la rabia nos moviliza ante una injusticia, la tristeza nos invita a parar y procesar una pérdida. Ninguna de ellas es un fallo del sistema.
La ansiedad de la ansiedad: cuando luchar contra la emoción la multiplica
Aquí llega la parte clave. ¿Puedes aprender a regular tus emociones entendiéndolas? Sí. ¿Puedes conseguir no volver a sentir ansiedad, tristeza, miedo o rabia nunca más? No. ¿Puedes hacer que desaparezcan en el momento exacto en que las estás sintiendo? Tampoco. Y el problema es que intentarlo puede conseguir precisamente el efecto contrario.
Porque si aparece la ansiedad y tu primer pensamiento es «esto no debería estar pasándome» o «quiero que se vaya ahora mismo», ya no tienes una sola emoción, tienes dos: la ansiedad de base y la ansiedad que te produce sentir esa ansiedad. En psicología, este fenómeno se estudia dentro de los modelos metacognitivos de la ansiedad, como el propuesto por Adrian Wells, que describe cómo la preocupación por estar preocupado —o el malestar por sentir malestar— se convierte en un segundo nivel de sufrimiento que se suma al primero, y que a menudo lo supera con creces.
La paradoja de perseguir la felicidad
Esta idea no es solo intuición clínica. Una investigación ya clásica en psicología, publicada por Iris Mauss y su equipo en 2011, encontró que valorar la felicidad de forma muy intensa —convertirla en un objetivo prioritario y constante— se relacionaba paradójicamente con menor bienestar. Cuanto más se persigue la felicidad como meta absoluta, más fácil es interpretar cualquier emoción negativa como un fracaso personal, lo que termina generando más malestar, no menos.
Entonces, ¿qué es gestionar bien tus emociones?
Quizás gestionar bien tus emociones no consiste en conseguir que desaparezcan. Consiste en poder sentirlas sin interpretar inmediatamente que algo malo te está ocurriendo. Las emociones no son malas. Las hemos demonizado, eso sí, y nos afanamos en querer vivir sin ellas, sin darnos cuenta de que si esto pasara realmente, nuestra supervivencia se complicaría.
Este enfoque conecta con lo que en terapias de tercera generación, como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) desarrollada por Steven Hayes, se conoce como flexibilidad psicológica: la capacidad de experimentar una emoción incómoda sin luchar activamente contra ella ni intentar eliminarla a toda costa, algo que estas terapias relacionan directamente con un mejor bienestar a largo plazo, frente a la evitación experiencial —evitar sentir a toda costa—, que suele mantener e incluso intensificar el malestar.
Así que la próxima vez que te sientas mal, prueba a quedarte con eso en lugar de luchar por no sentirlo. Deja que la emoción pase y, después, continúa con tu vida.
Y como siempre digo en consulta: si sientes que tus emociones están desbordadas y te limitan en tu día a día, pide ayuda a un profesional. En Badajoz, tanto presencial como online, estoy aquí para acompañarte en ese proceso.
